Desde el fondo de las cosas;
raíz, tierra protectora.


Insatisfacción

Proyecto f/
Alimentarse, Noviembre 2009
La Editorial Morosophos en Diario Diagonales y Diario Hoy.

Estamos felices. Por eso y por todo lo anterior.
Entonces el viernes 18 a partir de las 17hs hasta las 3am
abrimos el Living Caracol.

Un espacio chico pero con el corazón inmenso y lleno de letras
canciones en vivo, exposiciones, poesía a viva voz, proyecciones
sorteo de libros, merienda, cena y sorpresas dando vueltas.

La calle es 4 nº1612 (65 y 66). La Plata.
Y no es lo que se ve en la foto del diario
pero los periodistas a veces se equivocan, como todos.

Acá están las notas virtuales:
www.elargentino.com
www.diariohoy.net

Y acá nuestro blog: www.morosophos.blogspot.com

El viernes los esperamos.
La entrada es gratis y queremos despedir el año
llenos de todo.













postales hechas a mano
para los amigos de lejos y cerca
cada una, única en su especie
Hay especies desconocidas gestándose en el fondo del cuerpo
entre paredes y signos, entre pequeños espacios y tormentas.

Nadie sabe aún si las flores llegarán a marzo
con esa furia con la que aprendieron a crecer en otros meses,
entre esos papeles que supimos regalarnos y aquellas piedras
que cayeron desde lo inesperado hacia lo vívido.

Nadie sabe aún si las piezas completarán el juego
con esa suerte de principiantes que ya no hemos de tener,
entre estas semanas que quisimos dibujarnos y esos espacios
que invadieron desde afuera hacia lo interno del envase.

Hay países desconocidos olvidándose en el fondo de una taza
entre líquidos y canciones, entre pequeños universos y extrañezas.

Y es que nadie sabe aún, pese a ser primeros y reyes de lo creado.
Cada tanto un adoquín.
Manuela sabe que la tierra
es reina madre de los hombres.
Su cara de niña, de mujer hambrienta
se pregunta si en las manos
de esta reina que es amante
hay espacio para ella
y sus ojos de serpiente.

Cada tanto un viento rojo
en su espalda como un puente
caminado con las babas
de la inmensa esclavitud.

Cada tanto un soplo, un correr entre la niebla
de persona acostumbrada
a los políticos reinados
y elegidas abstinencias.

Manuela se pregunta
porque sabe
que en cuestiones de raíz
y nombramientos absolutistas
las respuestas se hacen agua
para esta tierra que cada tanto
ya no es fertil.
amigo cielo
contame la historia
de las lluvias de verano
y el por qué de las hormigas
que de la tierra brotan
con surcos como heridas.
contame
que se hicieron las mañanas
de la infancia calurosa
donde un hombre era un secreto
y una estrella el tibio hogar.

rey de las nubes
contame que pasó
con las luces de la noche
y su sucia inmensidad.

amigo cielo
llevame
a los huecos que en el sol
son hogar para mi sueño.










un oso que es una postal que espera una casa
Extracciones de la virtualidad II

· era una chica agradable
· no sé que onda
· era normal
· pero decía la calor

venga valiente ¡salta por la ventana!

alrededor de una nave
que es una casa
alzada con frazadas en invierno
y botellitas de agua en el verano
clavé una repisa de madera, blanca
donde deposité con sumo cuidado
cincuenta y tres gemas de colores.

una a una
alumbran con la luz
de algun sol valiente
el adentro de la nave
donde duerme su rostro
de pequeño exilado
del paisaje hipócrita del cosmos

que con manos urgentes
nos lanzó hacia adentro
y por suerte resistimos
y viajamos tan lejos
que al fin se nos hizo imposible
volver a tocarlo.

a ese, el mundito cuadrado
donde los hombres fabrican
con la sed
un castillo de papel
a punto de prenderse fuego
y dejarnos sin dulce.

y digo que resistimos, a ese cosmos
para quedarnos en esta nave
que es la casa
levantada con los ojos
de un futuro, quizá manicomio
pero nunca puntas de un cuadrado.

cuaderno estampado cosido a mano
este se convirtió en regalo y se fue
Qué mejor, amor
que levantar la voz
y que suene doble.
desde la terraza
en un aeroplano de papel
puedo yo volarme el cuerpo

puedo yo volarme el alma
desde la planta verde de mis pies raíz

puedo yo volarme el cuerpo
en un aeroplano de papel
desde la terraza
ahí
donde tu nombre,
yo armé mi casa
De las cosas que nunca termino I

Linda, como quien dice linda, no sé si es, viste. Pero tiene esa forma de mover las manos cuando habla y mirarte directamente a los ojos justo cuando vos la estás mirando y ella pregunta algo clave que... No sé, la verdad es que sí es linda. Pasa que yo me hago el sonso, viste, me hago el desinteresado porque ella está con todo eso de su ex novio, ese tal Pablo, que la llevaba al teatro y se dormía. Yo no sé, la verdad pareciera que a las minas les gusta sentirse abandonadas. No, pará che, yo no digo que todas sean iguales, además ella se queja y cada vez lo nombra menos a este Pablo, pero no sé, para mí que no le muevo un pelo, siempre tan limpia de pudor y sin problemas al hablar. Me abruma un poco viste, eso de preparar el mate, ubicarnos en el patio, ella descalza, yo mirándola, el agua a punto, la sombrita de la parra, su piel entre un haz de luz...
mirá, la cosa es así: en vez de llorar las horas hago cuadernos
(y alguna que otra cosa)


mi tiempo de nada
del cuaderno que se fue a la casa de juanpiypau
¿De qué está hecha tu palabra? ¿Cómo existe tu letra en mi armonía? ¿Cada cuántas líneas puedo negar con la cabeza sin que veas? ¿Puedo negar?.
La noche es aliada de nuestro concierto: un manto de importantes oraciones persisten entre la risa de papel mecánico y un barquito queriendo cruzarlo todo. Es como la lluvia cuando vuelve, sobre tanta soledad, sobre tanto gris y acolchado amontonado entre los hombros. ¿Puedo negar?. Yo no sé del arte, no conozco la historia de esos ojos
pero creo que mi emblema debería tener alas.

. las horas vacías andan
rondando tu luz y mi fin .












Hay tiempo
Pebedas
Disco de descarga virtual
Noviembre 2009
Productos del aburrimiento II
Las cosas que uno dice para disfrazar lo que realmente quiere decir.

Hay una forma
nueva
de llamar alguien.

Consiste
simplemente
en pensar en la persona en cuestión
y pestañear
cien veces conscientes
mientras cantas
en voz baja muy baja
una de Spektor
(o una que sepamos todos).

Atención:
No siempre funciona.
Pero qué divertido
saber que uno puede, solo
cruzar la calle y masticar
un chicle.
Tengo un vestido con bolsillos del tamaño de mis manos cada uno de ellos. Adentro no hay nada, nada más que algunos hilos de tabaco rubio, una moneda, una pelusa de hace cinco meses y un pedacito de papel con la inicial de un nombre que no existe por faltarme el resto de las letras.
Tengo una grulla roja y otra blanca, ninguna está libre de polvo y mucho menos de sombra.
Tengo un libro de Bradbury, dos, tres, cuatro. Una caja con papeles que cuentan la historia de un futuro que ya no es y un sobre abierto y vacío en el piso del placard.
Pero tengo, sobretodo, un rostro amado debajo de la almohada. Cada vez que puedo, mientras duerme, cuando se baña, cuando escribe y cuando estudia, cuando tiene los dedos en cuerdas, cuando cierra los ojos y no me mira y cuando está lejos y yo asuatada, le beso las mejillas y le pido que me cante.
Este rostro mío, junto con el vestido y sus bolsillos con tesoros, junto con las grullas que nunca serán la cantidad necesaria y los papeles y el sobre relleno de ausencia, no son todo lo que tengo. Pero la importancia del resto es poca, siempre y cuando yo pueda sentarme a mirarme las manos y reconocerlas, en su absoluta y plena construcción, como un enjambre de futuros poderes en mi vida.
El cuerpo es una cosa.
Yo me llamo con todas mis voces
y no termino de encontrarme.
La Cosa, que aguardaba, se ha dado la voz de alarma, me ha caído encima, se escurre en mí, estoy lleno de ella. La Cosa no es nada: La Cosa soy yo. La existencia liberada, desembarazada, refluye sobre mí. Existo.

[...]

No insisto; dondequiera que la meta continuará existiendo y yo continuaré sintiendo que existe; no puedo suprimirla ni suprimir el resto de mi cuerpo, el calor húmedo que ensucia mi camisa, ni toda esta grasa cálida que gira perezosamente como si la revolvieran con la cuchara, ni todas las sensaciones que se pasean aquí dentro, que van y vienen, suben desde mi costado hasta la axila, o bien vegetan dulcemente, de la mañana a la noche, en su rincón habitual.


La náusea, Jean-Paul Sartre

A los días que vivimos no se les acaba la miel, se les acaba la noche. Y es entonces cuando murmuran los otros, los rostros, los enmascarados vilmente expuestos en los escondites menos esperados. Ellos: rompen la palabra y la rellenan de hormigas que corretean frenéticas porque se acaba el tiempo de estío y vuelve el color de la fruta. Ellos: se duermen en mis manos mientras yo deambulo. Ellos no preguntan, no piden permiso, no se frenan, se refuerzan con las aves de mi torso que escapan presurosas a los nuevos ojos del verano.
aprendí a escribir
a fuerza del viento

y ahora
que entendí
que el viento se consume
y la noche no es más
que otro instante del tiempo

olvidé como hacer lo primero
El otro lado es cierto:
ví, aún sin ojos
la miel desde su hoguera.
¿Puedo negar?
¿Puedo acaso
romper las puertas
que separan a estos rostros
en la vacía otredad nocturna?

El otro lado es cierto:
tiene que serlo.
Productos del aburrimiento I

Mil versos en la nada, nada hacen.
A menos que aparezca el fantasma tecnológico
y nos alimente con su new post.
la petite fille

PLAGIO

«No hace nada, pero lo hace mal, recordó
»
La caída, El hombre del antifaz azul, Alejandra Pizarnik

Sombras en la noche invadieron lo que no cuidamos.
Se embestió sobre el campo del cuerpo.
Se quiso enmudecer el canto de las pieles desvestidas
que embellecían a la esperanza.

Y si se mudaron a la casa de mis ojos
¿cómo no corro hasta la tarde
que nace detrás de mi mirada?
¿Por qué no insisto
y me obligo con máscaras
y me canto?

De llanto se ha bordado cada instante.
Yo mastico la inocencia como un animal enfermo
repleto de espinas
que le entorpecen dibujar el Sol.

Pero ellas y yo entendemos
que el Sol tiene el sabor de la figura ausente.
este manto cubriéndote las manos
te aparta, no lo niegues
El hombre que pasó
corriendo ante los ojos de la inmensa niña,
vestía de negro, las manos
enguantadas buscaban
un lugar
donde morar
la huída.
Cada mancha.
Cada paso en la penumbra.
Cada decir no dicho.
Cada movimiento sonoro.
Cada ojo en la pared en el encierro
provocando los miedos
a la espera de otro gran comodín;
el miedo mayor.
Cada noche.
La quietud me desconcierta:
Todos esos cuadros, sus colores
de dulce estrangulación en la nada, de cómica
inmovilidad, de esos ojos
que miran en la noche
debajo de los cielos dormidos, buscando
un nombre para ahogar.
¿Por qué no toco mis manos
y me llevo, a tientas
en esta noche de nadie?

La quietud me desconcierta.
Pero bailar es quebrar la pintura
a la que pertenezco.
Me acordé que "lo que es tan fascinante sobre las orquídeas es que cada una de estas flores guarda una relación específica con el insecto que la poliniza. Hay una cierta orquídea que se ve exactamente como cierto tipo de insecto, y de esta forma, el insecto es llevado hacia esta flor y no a otra.
La flor es su doble, su alma gemela, y el insecto no quiere nada en el mundo, más que hacerle el amor. La penetra y se va, vuela y poliniza a otra alma gemela, vuelve a hacerle el amor. Y ni el insecto ni la flor van a entender nunca el significado único de su acto. ¿Cómo podrían ellos saber que gracias a su minúscula danza el mundo gira? Pero lo hace. Simplemente por el hecho de hacer aquello para lo que fueron diseñados, algo grande y magnífico sucede."

John Laroche
"Empecé a escribir cuando alguién me hizo daño... Me enamoré tres veces, una, dos y tres. Tú eres el número tres. Debo de reconocer antes de todo que mi insoportable vanidad no me permite mostrarme tal y como soy, pero de todas formas dejaré que las palabras fluyan por si solas y se viertan sobre el papel del modo mas inconsciente posible. Confio plenamente en la única parte de mi que me llena, este espectro imaginario al que llamo inspiración; a él le cedo todos mis sueños, como a un amante que, a tientas intenta reconocerme. ¿He dicho amor? Perdonadme..."

Jo Alexander, Extrañas criaturas
Pintar una imágen en photoshop.
Prueba 1.

Tiempo de nada



Anotador cubierto de letras viejas para rayar novedades
"Nada peor que el artista que considera que su misión no consiste en otra cosa que en encontrar una voz propia e inconfundible.

(...)

La técnica le concedía 10 o 15 segundos para que se separase de la cámara y acudiese a la escena que iba a ser fotografiada, pero cuando se producía el clic que detenía el tiempo, no había nadie tras la cámara. Es el autor de lo mejor de su obra: nadie, un desconocido mediante
el cual trataba de formularse a sí misma y, también, por qué no decirlo, salvarse."


Sobre Francesca Woodman
EL MUNDO 8/11/04
Volver;
la noche cae como lluvia en los párpados abiertos.

No he de volver.
Otras son las manos que llaman desde acá:
Entre estos hilos infinitos
y tersos, brillantes a la luz
como baba de caracoles andaluces

que hacen de mí
un interior exhausto
y primitivo;

que hacen de mí
una casa vacía
y verdosa.
Son otras las manos que llaman desde acá:
Pidiendo púrpuras eccemas
zurcos de sal, blanquísimos
como un manto vírgen en penumbras.

Ellas;
hacen de mí la herida.
Las callecitas de Buenos Aires III

La plaza de Retiro y los pibitos
de la esquina acobachados
con la P de Paco y Poxi.
Los puestitos de alfajores y gaseosa
calientes por el sol
de las tres de la tarde.
Retiro;
y ese miedo
a que te afanen y no vuelvas
a tu casa de más allá de la autopista.

Pero Retiro y el reloj,
la torrecita del encuentro
para no perderse por primera vez
antes de aprender el subte
y la combinación trescientos veinticuatro
que te deja a dos cuadras,
donde también te afanan
el billete corto, que traias
para los cigarrillos del día
y un café de plástico
entre los autos como balas.
Las callecitas de Buenos Aires II

En San Telmo el caracol
de la plaza del centro
con alambres y guirnalda
desde el techo de las telas.
Un ámparo de los días
melancólicos de hierros;

figuritas y juguetes
ropa sucia retro fashion.

En San Telmo la vereda
de los parches coloridos
con adornos del ahora
viniendo desde atrás

y un café entre la locura
de algun tango con micrófono,
un vestido como oro
diez tacitas porcelana
como viejas enjoyadas.

En San Telmo un saco roto
sin bolsillos ni monedas
y un millón de compradores
extranjeros de lo verde

que en la música se ven
entre gorras y tambores
y un minuto de nostalgia;
en la calle del antaño.
Las callecitas de Buenos Aires I

Corrientes; callecita-calesita.
Cabecita de abc, de sinónimo
de librito verde y borroneado.
Callecita del diluvio
de los puntos y las comas
y las íes como clavos.

Corrientes; cabecita tinta china.
Librería enormísima de esas falsas
historias de encuentro, de sinónimo
de conjugación apropiada.
Calesita de oraciones, de poetas;
innombrables y millones.
Ella olvidaba los retazos más importantes de su vida a la hora de despertar.
Él, con sumo cuidado, preparaba el desayuno;
y entre el té y el azúcar
ponía aquellos pedacitos que ella
iba a beber sin darse cuenta.
Pensé que diciendo las cosas de la forma más exacta, iba a lograr calmarnos. Pero no hice más que ruído y un bollito nuevo para el cesto de los rencores.
Vuelan de acá hacia allá
los pocos animales de ensueño
a los cuales mi piel
no pudo arrancarles un ala.
Esta manía de saberme en partes
en terrones de sal, en agujeros
de la lana de un pullover;
esta forma inmensa
de reconocerme sin formas

cada mañana, cuando olvido los desayunos
y concentro en los ojos
las imágenes de llovidos duelos

me lleva a comprender la astuta vitalidad
de quienes no concentran
las ranuras de sus maderas
en rajaduras inmensas.
De las cosas que me inspiran I ► Romeo está sangrando
Tengo miedo de enfriarme
en el silencio humedo de estas cosas
que desde hace tiempo cantan y hasta gritan
la misma melodía tediosa
de un crepúsculo ahogado.

El sol no está de mi lado, gimo;

entre tanta rienda suelta
acomodo mis dientes y amanezco
otra vez, como quien amanece en plena muerte.
Nadie hay
en los crepúsculos de la huída.
Me repito:
Hay que volver
al instinto de las formas
ahí, o en ningun lado
está lo que buscamos.
Escribió su nombre en una baldosa, con tiza, bajo la lluvia.
Quería olvidarlo.
tiempo de nada todos los viernes del mundo en feria batata

tiempo de nada es un proyecto palpable que reune un conglomerado de papeles reciclados a transformarse, entre otras cosas, en libros, postales y collages

además en la feria batata hay ropa, compañeros de trapo para sacar a pasear, una editorial independiente que se llama morosophos, tazas de té pintado, dibujos, gatitos de tela, más dibujos, cuadernos forrados en tela y estreptococos

calle 1 nº221 e/36 y 37 | a partir del primer timbre
Extracciones de la virtualidad I

Gainsbarre: ¿Seguís por ahí?
Adentro es el nuevo afuera: Así es
G: Que bueno. ¿Qué hacías?
A: Melancolía

(...)

G: Dale, desembuchá.
Knockitoff / Lemonsong
Primer Hombre Internacional
Demo de descarga virtual
Septiembre 2009
La poesía de ciertas mujeres es, a veces, enemiga formal de las niñas que gustan de los jardines y los pájaros.
Sucede que cada cierto tiempo Marianela cree que el mundo conspira en su contra.
En ese preciso instante Tomás toca el timbre de su casa. Y Marianela descree de las conspiraciones.
A: Una novedad no es precisamente algo literalmente nuevo
R: Las cosas literales siempre me produjeron rechazo
mi comodín es un retrato de su rostro
Lo importante es esto y no aquello

Estaba ella, y no toda sino parte de ella, sentada en un escalón de marmol, un escalón delante de una puerta que abre a un pasillo que conduce a una escalera que llega a una casa que tiene además de su respectivo baño y la cocina-comedor, un pequeño dormitorio. Y esto no es detalle menor, ya que allí, separados por ninguna pared, viven Oliverio y ella, que a pesar de estar sentada en el escalón de marmol, también podemos encontrarla recostada en su cama, en la puerta de la derecha viniendo desde el baño. Porque he dicho que estaba ella pero no toda ella sentada en el escalón y esto implica un desdoblamiento en parte fantástico y en mayor medida interno.

Lo que importa no es simplemente esta persona, este personaje, su accionar o su estado de quietud, su pensamiento, sino el escenario, el escalón de marmol, el pasillo, la escalera, la puerta de la casa y la casa misma, con su baño, su cocina-comedor, su única habitación y Oliverio. Eso es lo importante: Oliverio. Él y todo él, porque Oliverio no posee desdoblamientos fantásticos (y mucho menos internos).

Oliverio es un chico pálido, de ojos saltones, alto, pelo corto, semi enrulado, flaco, flaquísimo, realmente flaco. Tiene por costumbre el café, en una taza mediana de color azul francia que guarda en el estante justo al lado del frasco de café y las demás infusiones y no en el cajón de las tazas y los platos de las tazas, diría ella, que se llama Juana y también tiene el pelo corto y semi enrulado y es alta aunque su contextura física está dentro de lo normal. Pero eso no importa. Lo realmente importante acá es Oliverio. Oliverio y su cara dormida todo el tiempo, su manía de acurrucarse en el sofá y escuchar el mismo disco nuevo durante dos semanas para luego abandonarlo en el rincón rebalsado de músicos que ahora aburren. Oliverio y su triste forma de llamar a Gala, la gata que vive en el balcón de al lado. Oliverio y sus acordes.

Juana además usa anteojos y antes de dormirse revisa la cerradura de la puerta de calle unas tres veces, como cualquier depresivo-compulsivo, dirían sus amigos. Pero qué importa esto cuando lo interesante son las cuerdas de un instrumento que no cesa nunca antes de las tres de la mañana. Qué importa Juana si lo que llama la atención a todos los visitantes de la casa es la forma en que Oliverio se para frente al instrumento y se queja, en quejidos suaves, de su inarmónica manera de tocar ante estos visitantes. Qué importan los papeles que Juana acomoda inutilmente sobre el escritorio con el velador de luz tenue que está a la izquierda del ventanal que da al balcón. Qué importa la literatura, la poesía, las oraciones bilingües, las costosas traducciones, las citas a músicos implacables si los visitantes, los nuevos conocidos, quedan mudos e hipnóticos antes la crueldad de Oliverio consigo mismo cuando su instrumento llora los acordes previos al quejido de su boca, al suave quejido que su boca pronuncia diciendo que no hay tregua, que hoy no se puede tocar, que los ojos ajenos intimidan a las cuerdas que amablemente gritan por la noche. Nada importa de ella, cuando es él el observado y adorado por estos visitantes que realmente poca importancia tienen para ambos. Y ahí está la clave: esa poca importancia que ambos comparten cuando Juana se levanta del escalón de marmol, entra al pasillo, sube la escalera, abre la puerta y al mismo tiempo se levanta de la cama y sale de la habitación para acurrucarse junto a Oliverio que acaba de terminar de ponerle música a una nueva letra que ella, como de costumbre, escribió para él.
adentro es el nuevo afuera

Reina:

rompo el telar
que conforma la bandera de tu nombre

y antes,

de partir a la orilla descubierta
de la página blanca donde todas te gritan amante

doblo el mapa estratégico
de tu lenguaje de ciervos
y perduro;

entre los cajones cerrados
que contienen
tu inicial como puerta de entrada.

“La palabra por la palabra no sirve. Hay que ir al fondo de las cosas, apagar las luces, encenderlas, indagar e indagarse.”

Cecil hace una pausa, deja de escribir, se acomoda los anteojos, fuma una pitada del cigarrillo, sube la mirada. Nadie.

“Y sobretodo, abastecerse de la soledad y su olor a loba malcriada. Sólo ella puede brindar lo exacto del lenguaje.”



Del libro
Las otras -o mujeres para cuentos y canciones
Ediciones de Bolsillo de Editorial Morosophos
www.morosophos.com.ar


Allí se usan, también recurrentemente, figuras relativas a la luz: todo lo demás es un crescendo (o más bien un descenso) arrebatado, quizás buscando, como se dice, la disolución de la distancia entre la poesía y la vida. Escribe: Sobre negros peñascos se precipita / embriagada de muerte / la ardiente enamorada del viento.
[...] No muchos poetas han puesto así el cuerpo.

Estanislao Giménez Corte
-extracto.
No soy más que una humilde muchacha desnuda que espera que lo Otro le dicte palabras bellas y significativas, con suficiente poder como para izar sus pobres tribulaciones y para dar validez a lo que de otra manera serían desvaríos.

Octubre 1957, A.P.
florence
Ante todo, una mancha roja.
El conjunto relumbra igual que en algunas iglesias umbrosas el manto de la Vírgen. Fulgor mediocre que resplandece por obra de la oscuridad vecina.

A.P.
Extracto de «Juego tabú»




esconderse
buscar un lugar de residencia provisoria
donde no se requiera la obligación de observarse a si mismo

Un miedo pequeño naciendo en la tarde
es un agujero en la noche de sombras.
Cae;
la siesta errante de los verbos.
Santa Rosa inundó su casa. Yo duermo sentada en un rincón.
A veces creo que sólo la soledad, el espacio continuado con mi yo latente, puede salvarme.
Otras, simplemente, redescubro que de lejos amo más.
De todas formas, no por eso prefiero este agujero en la tarde. Mejor serían sus ojos de reno en mis senos.
Alicia, la pequeña del capricho lisérgico
cae
aspirada y aspirando
por ojos como huecos.
Las otras -o mujeres para cuentos y canciones III

Inés baila, usa zapatillas sin cordones, su color preferido es el verde y cuando está sola en su casa lee libros en voz alta.
A los diez años, ahora tiene veintitres, se pintaba las uñas de rojo y filmaba documentales caseros en el jardín de su casa, entre las enredaderas y las violetas de estación.
Nunca estudió cine ni botánica. Sin embargo, cada vez que alguien le pregunta que quería ser de chica cuando sea grande, ella responde con soltura: “Quería saber jugar a la escondida, pero no podía dejar de observarme a mí misma”.
Las otras -o mujeres para cuentos y canciones II

Muriel está a pocos días de cumplir 27 años. Tiene el pelo enrulado, los ojos violáceos y una destestable manía por los caramelos ½ hora.
Cuando cumplió los 25, armó una valija con dos mudas de ropa, una cámara de fotos con película color, tres cd’s, el discman, una bolsita de tabaco negro y se fue todo el día a Isla Paulino. Tuvo miedo, dice, y además se le veló el rollo donde tenía fotos de los isleros cortándose el pelo unos a otros. “Si no lo ves, no lo crees”, contaba indignada.
A los 26 sólo cargó con el mp3 y caminó todo el día sin destino aparente.
Este año es su año, comenta, porque el siete trae magia entre los dedos.

Las otras -o mujeres para cuentos y canciones I

Amelia tiene 20 años, el pelo revuelto, las manos largas, los ojos oscuros y una mancha verde en la planta del pie derecho.
Cuando camina se balancea como una marioneta llevada por hilos invisibles a la altura del cuello.
Sabe hablar tres idiomas y además, canta bossa cuando se baña.
Lo más importante para Amelia es su cuaderno de tapas duras, con hojas lisas y amarillas por el paso del tiempo; ahí, todos los días, escribe una palabra y no siempre es la misma. Pero al contarlas, todas y cada una de ellas empiezan con L. La primera es Libertad. Y las demás, dice ella, poco importan.
Celina -una chica de ocho años que escribe poesía pop electro acústica para Elías, su amigo imaginario.
anagrama
fanzine para ojos

buscar es un verbo;
y punto
intrusos:
la calma rebalsa de sombras
t u r u t r u e q u e

ofrezco


-clases de fotografía
-clases de literatura creativa para niños
-aromaterapia (pequeña sesión con música y aromitas)
-reiki
-libros artesanales (míos o ajenos)
-postales hechas a mano
-cuadros.collage
-fotografía de eventos, moda, publicidad, comida, books, etcs
-fotografías mías para colorear lugares (www.flordg.blogspot.com)
-diseño de editorial, publicidad, afiches, volantes
-lectura de poesías, cuentos, historietas (para los momentos de silencio no deseado)
-cuadernos, anotadores, agendas
-encuadernación
-ropa en buen estado
-mochilas, carteras, bolsos, bolsitos
-botones
-retazos de tela
-retazos (?) de vidrio
-un par de rollers (jaja)
-té natural (distintas combinaciones, sabores y colores)


necesito

-clases de iluminación en fotografía
-papeles (de cualquier color, gramaje, tamaño y calidad)
-libros añejos (no importa la temática)
-madera
-una guillotina
-un scanner (si está roto que pueda arreglarse)
-espacio físico para dar talleres abiertos
-una mesita de madera
-descuentos en imprentas y casas de fotografía
-mapas (de los grandecitos, nuevos o viejitos)
-marcos de madera (de cualquier color, tamaño, forma y variedad existente)
-imanes (de cualquier tamaño; no necesariamente nuevos, si tienen publicidad también)
-dulce casero!
-un jardín para tomar té en primavera


y reirme
(por eso también hago esto)
que todo estalle en una fiesta de luciérnagas y pasto de lunas
¿Quién sacó a Irene de los labios tibios de su madre
y la hechó, sin soles, al invernadero abierto de habitantes exclusivos?

karine leger hizo un cuadro con una foto mía
sus obras son preciosas: www.flickr.com/karinel
árbol
hoja
salto
cruz
creo que está so completely loca
Queremos tanto a Julio
Casi siempre es el miedo de ser nosotros
lo que nos lleva delante del espejo.
Antonio Porchia
estoy esperando cruzarte en la calle
que a esta hora es una fiesta de disfraces
me divierte ver pasar los autobuses
alguien me señala entre carcajadas
en las plazas a la noche veo cosas
en las copas de los árboles frondosas
alucinaciones marginales, trucos
se les nota que les gusta darme susto
me empapé intentando llegar a tu casa
hace años que no tomo un desayuno

[fragmento de una canción de pablo matías vidal]

rebelión de círculos-cristales {
Apareció como aparecen los nadies en la vida de cualquiera:

Un día tocás timbre en la casa de un amigo
y te presentan una nueva inicial, un nuevo nombre;
un cuerpo, una voz, un silencio.
Y amas.
Escribir un cuento. Sentarte en el patio y escribir un cuento.
Es de noche, hay una luz tenue y una mujer. Una mujer que tiene los tobillos pequeños y está descalza. Una mujer que lee un libro, que lee un cuento. Un cuento que habla sobre otra mujer; languida y triste.
Una mujer, dos, tres.
Sentarte en el patio y escribir un cuento. Un cuerpo.
Instancias de duda

Las luces cayeron como puños
como lluvia ácida en las yemas de los dedos;

y todo fue recambio:
en el fondo
de una taza
se abrieron
los ríos esperados;
aquellos tristes dibujos de tu mano
estos veloces gritos de mi encierro:

¿Perdemos el tiempo
diciéndole al cielo -en voz tan baja
que la luna y su rostro de mujer
nos tiembla en el cuerpo
cada noche de perra hambruna?
No perdemos nada
salvo el miedo.
A de Libertad
Yo no juego a eso -dije, y me fui con el silencio a cuestas.
Los ojos los dejé donde siempre, sangrando un poco, otro poco amando; la carne, los huesos, el cuerpo anudado, entumecido, lo guardé conmigo, encerrado en esta piel envejecida. Y no caminé, no grité, no le conté a nadie que tenía las manos atadas a esa ausencia, a esa aterradora suerte de soñarme desnuda, pariendo a mi propio padre.
Pronto, la noche se proclamó angustia y pocos supieron que este nombre -el mío- tenía un sonido que no debía por qué ser juzgado por las voces embrutecidas del pasado.
Todo lo demás, lo supo el viento.
Equis de pájaro

Hace un momento
-mientras sonaba en tus ojos la melodía de la luz-
vinieron las sombras:
tienen todas el color
azul
de esos ojos ardientes
que son los tuyos;

todas tienen un color
igual
al de las noches de estío
en el tapial de tus párpados.

¿En qué tarde vinieron a buscarte
entre mantos de tristes alamedas
y almendras tostadas en las puntas de las lenguas gustosas?

¿En qué tarde, tan temprana
trajeron las voces -del olvido inmediato
y cuartearon el aire con un silbido de gloria?

Hace un momento
-mientras vibraba en tus ojos la tonalidad del mundo-
cayeron los astros
locos y eclipsados:

tenían el rostro dulce, lleno de estrellas con mil puntas;

y bailaban la danza nunca vista
de los tibios y exquisitos pasos vacuos.
Todo es un interior ahora;
por eso nadie puede verte.
Problemas de interlocución I

Pensé una cosa curiosa:
Atardece en Madrid;
acá la noche es tan espesa
que los pájaros dormidos
en mi rostro abren un ojo
y chillan -para luego
volver a dormirse-.
Las partes
de mi cuerpo suenan
quemando el resto;

ácida es la languidez
que intoxica mis ojos
cada vez que el chirrido
de la luz apaga
y en creces, su voz
de perro
comienza a ladrar
en todas mis aberturas
(estoy pensando en cansarme de los absolutos,
los locos arraigos inservibles).
¿Cada cuánto mueren los amantes?
¿Cada cuánto tiempo se abren los portales
de la sed
y cierran los embrujos
perceptivos del amor?

Una noche, senté a la Belleza sobre mis rodillas.
Y la encontré acerba. Y la injurié.
la luna tiene el color de los párpados quietos;
por eso canto













Mi pequeño homenaje a André Kertesz acá
un rostro tiene la forma de un árbol ahogado

hermana luna

año 2005



















quería un símbolo a resolver
un silencio en la casa del lenguaje
-tragó todas las melodías de la noche-
y ahora;
canta la ausente


Ebria de noctambulismo
dibujé;
todos los signos de la noche
en un muro abierto.

(...)
FLIA -con A de Libertad









mis universos tienen ojos sonoros en el cuerpo
una mujer que mira a una mujer que está dentro de un cuadro




ana
grama
fanzine para ojos


soñé que hacia un pozo y a medida que crecía me iba introduciendo dentro de él
estuve a punto de abrir la puerta de una gran casa
pero me taparon la cabeza con tierra
me desperté ahogada
y me soné la naríz
una niña con una máscara de anciana en la mano, en el fondo una puerta abierta:

-¿me están llamando?
(pregunta la niña antes de ponerse la máscara)

-no tenés nombre
(responde la anciana)
conversación de dos en cuclillas ante una puerta cerrada

-siempre querés irte
-sólo vine a ver el jardín
-las flores no se dejan ver si vestís la niebla
-no digas el color de las cosas que existen
-es cierto, hay voces que traen la noche
-como cuando querés ver el fondo de un jardín y no hacen más que echarte
-vos siempre querés irte

encontré una valija llena de pájaros:
hay un color que no entiendo;


-má, algún día un pájaro verde vendrá a buscarme?
-no

voy a quedarme a ver
todo lo que aún no ví