raíz, tierra protectora.
Entonces el viernes 18 a partir de las 17hs hasta las 3am
abrimos el Living Caracol.
Un espacio chico pero con el corazón inmenso y lleno de letras
canciones en vivo, exposiciones, poesía a viva voz, proyecciones
sorteo de libros, merienda, cena y sorpresas dando vueltas.
La calle es 4 nº1612 (65 y 66). La Plata.
Y no es lo que se ve en la foto del diario
pero los periodistas a veces se equivocan, como todos.
Acá están las notas virtuales:
www.elargentino.com
www.diariohoy.net
Y acá nuestro blog: www.morosophos.blogspot.com
El viernes los esperamos.
La entrada es gratis y queremos despedir el año
llenos de todo.
entre paredes y signos, entre pequeños espacios y tormentas.
Nadie sabe aún si las flores llegarán a marzo
con esa furia con la que aprendieron a crecer en otros meses,
entre esos papeles que supimos regalarnos y aquellas piedras
que cayeron desde lo inesperado hacia lo vívido.
Nadie sabe aún si las piezas completarán el juego
con esa suerte de principiantes que ya no hemos de tener,
entre estas semanas que quisimos dibujarnos y esos espacios
que invadieron desde afuera hacia lo interno del envase.
Hay países desconocidos olvidándose en el fondo de una taza
entre líquidos y canciones, entre pequeños universos y extrañezas.
Y es que nadie sabe aún, pese a ser primeros y reyes de lo creado.
Manuela sabe que la tierra
es reina madre de los hombres.
Su cara de niña, de mujer hambrienta
se pregunta si en las manos
de esta reina que es amante
hay espacio para ella
y sus ojos de serpiente.
Cada tanto un viento rojo
en su espalda como un puente
caminado con las babas
de la inmensa esclavitud.
Cada tanto un soplo, un correr entre la niebla
de persona acostumbrada
a los políticos reinados
y elegidas abstinencias.
Manuela se pregunta
porque sabe
que en cuestiones de raíz
y nombramientos absolutistas
las respuestas se hacen agua
para esta tierra que cada tanto
ya no es fertil.
contame la historia
de las lluvias de verano
y el por qué de las hormigas
que de la tierra brotan
con surcos como heridas.
contame
que se hicieron las mañanas
de la infancia calurosa
donde un hombre era un secreto
y una estrella el tibio hogar.
rey de las nubes
contame que pasó
con las luces de la noche
y su sucia inmensidad.
amigo cielo
llevame
a los huecos que en el sol
son hogar para mi sueño.
· era una chica agradable
· no sé que onda
· era normal
· pero decía la calor
que es una casa
alzada con frazadas en invierno
y botellitas de agua en el verano
clavé una repisa de madera, blanca
donde deposité con sumo cuidado
cincuenta y tres gemas de colores.
una a una
alumbran con la luz
de algun sol valiente
el adentro de la nave
donde duerme su rostro
de pequeño exilado
del paisaje hipócrita del cosmos
que con manos urgentes
nos lanzó hacia adentro
y por suerte resistimos
y viajamos tan lejos
que al fin se nos hizo imposible
volver a tocarlo.
a ese, el mundito cuadrado
donde los hombres fabrican
con la sed
un castillo de papel
a punto de prenderse fuego
y dejarnos sin dulce.
y digo que resistimos, a ese cosmos
para quedarnos en esta nave
que es la casa
levantada con los ojos
de un futuro, quizá manicomio
pero nunca puntas de un cuadrado.
en un aeroplano de papel
puedo yo volarme el cuerpo
puedo yo volarme el alma
desde la planta verde de mis pies raíz
puedo yo volarme el cuerpo
en un aeroplano de papel
desde la terraza
Linda, como quien dice linda, no sé si es, viste. Pero tiene esa forma de mover las manos cuando habla y mirarte directamente a los ojos justo cuando vos la estás mirando y ella pregunta algo clave que... No sé, la verdad es que sí es linda. Pasa que yo me hago el sonso, viste, me hago el desinteresado porque ella está con todo eso de su ex novio, ese tal Pablo, que la llevaba al teatro y se dormía. Yo no sé, la verdad pareciera que a las minas les gusta sentirse abandonadas. No, pará che, yo no digo que todas sean iguales, además ella se queja y cada vez lo nombra menos a este Pablo, pero no sé, para mí que no le muevo un pelo, siempre tan limpia de pudor y sin problemas al hablar. Me abruma un poco viste, eso de preparar el mate, ubicarnos en el patio, ella descalza, yo mirándola, el agua a punto, la sombrita de la parra, su piel entre un haz de luz...
pero creo que mi emblema debería tener alas.
Las cosas que uno dice para disfrazar lo que realmente quiere decir.
Hay una forma
nueva
de llamar alguien.
Consiste
simplemente
en pensar en la persona en cuestión
y pestañear
cien veces conscientes
mientras cantas
en voz baja muy baja
una de Spektor
(o una que sepamos todos).
Atención:
No siempre funciona.
Pero qué divertido
saber que uno puede, solo
cruzar la calle y masticar
un chicle.
Tengo una grulla roja y otra blanca, ninguna está libre de polvo y mucho menos de sombra.
Tengo un libro de Bradbury, dos, tres, cuatro. Una caja con papeles que cuentan la historia de un futuro que ya no es y un sobre abierto y vacío en el piso del placard.
Pero tengo, sobretodo, un rostro amado debajo de la almohada. Cada vez que puedo, mientras duerme, cuando se baña, cuando escribe y cuando estudia, cuando tiene los dedos en cuerdas, cuando cierra los ojos y no me mira y cuando está lejos y yo asuatada, le beso las mejillas y le pido que me cante.
Este rostro mío, junto con el vestido y sus bolsillos con tesoros, junto con las grullas que nunca serán la cantidad necesaria y los papeles y el sobre relleno de ausencia, no son todo lo que tengo. Pero la importancia del resto es poca, siempre y cuando yo pueda sentarme a mirarme las manos y reconocerlas, en su absoluta y plena construcción, como un enjambre de futuros poderes en mi vida.
[...]
No insisto; dondequiera que la meta continuará existiendo y yo continuaré sintiendo que existe; no puedo suprimirla ni suprimir el resto de mi cuerpo, el calor húmedo que ensucia mi camisa, ni toda esta grasa cálida que gira perezosamente como si la revolvieran con la cuchara, ni todas las sensaciones que se pasean aquí dentro, que van y vienen, suben desde mi costado hasta la axila, o bien vegetan dulcemente, de la mañana a la noche, en su rincón habitual.
a fuerza del viento
y ahora
que entendí
que el viento se consume
y la noche no es más
que otro instante del tiempo
olvidé como hacer lo primero
ví, aún sin ojos¿Puedo negar?
la miel desde su hoguera.
¿Puedo acaso
romper las puertas
que separan a estos rostros
en la vacía otredad nocturna?
El otro lado es cierto:
tiene que serlo.
Mil versos en la nada, nada hacen.
A menos que aparezca el fantasma tecnológico
y nos alimente con su new post.
«No hace nada, pero lo hace mal, recordó»
La caída, El hombre del antifaz azul, Alejandra Pizarnik
Sombras en la noche invadieron lo que no cuidamos.
Se embestió sobre el campo del cuerpo.
Se quiso enmudecer el canto de las pieles desvestidas
que embellecían a la esperanza.
Y si se mudaron a la casa de mis ojos
¿cómo no corro hasta la tarde
que nace detrás de mi mirada?
¿Por qué no insisto
y me obligo con máscaras
y me canto?
De llanto se ha bordado cada instante.
Yo mastico la inocencia como un animal enfermo
repleto de espinas
que le entorpecen dibujar el Sol.
Pero ellas y yo entendemos
que el Sol tiene el sabor de la figura ausente.
corriendo ante los ojos de la inmensa niña,
vestía de negro, las manos
enguantadas buscaban
un lugar
donde morar
la huída.
Cada paso en la penumbra.
Cada decir no dicho.
Cada movimiento sonoro.
Cada ojo en la pared en el encierro
provocando los miedos
a la espera de otro gran comodín;
el miedo mayor.
Cada noche.
Todos esos cuadros, sus colores¿Por qué no toco mis manos
de dulce estrangulación en la nada, de cómica
inmovilidad, de esos ojos
que miran en la noche
debajo de los cielos dormidos, buscando
un nombre para ahogar.
y me llevo, a tientas
en esta noche de nadie?
La quietud me desconcierta.
Pero bailar es quebrar la pintura
a la que pertenezco.
La flor es su doble, su alma gemela, y el insecto no quiere nada en el mundo, más que hacerle el amor. La penetra y se va, vuela y poliniza a otra alma gemela, vuelve a hacerle el amor. Y ni el insecto ni la flor van a entender nunca el significado único de su acto. ¿Cómo podrían ellos saber que gracias a su minúscula danza el mundo gira? Pero lo hace. Simplemente por el hecho de hacer aquello para lo que fueron diseñados, algo grande y magnífico sucede."
(...)
La técnica le concedía 10 o 15 segundos para que se separase de la cámara y acudiese a la escena que iba a ser fotografiada, pero cuando se producía el clic que detenía el tiempo, no había nadie tras la cámara. Es el autor de lo mejor de su obra: nadie, un desconocido mediante
el cual trataba de formularse a sí misma y, también, por qué no decirlo, salvarse."
Sobre Francesca Woodman
EL MUNDO 8/11/04
Entre estos hilos infinitosSon otras las manos que llaman desde acá:
y tersos, brillantes a la luz
como baba de caracoles andaluces
que hacen de mí
un interior exhausto
y primitivo;
que hacen de mí
una casa vacía
y verdosa.
Pidiendo púrpuras eccemas
zurcos de sal, blanquísimos
como un manto vírgen en penumbras.
Ellas;
hacen de mí la herida.
La plaza de Retiro y los pibitos
de la esquina acobachados
con la P de Paco y Poxi.
Los puestitos de alfajores y gaseosa
calientes por el sol
de las tres de la tarde.
Retiro;
y ese miedo
a que te afanen y no vuelvas
a tu casa de más allá de la autopista.
Pero Retiro y el reloj,
la torrecita del encuentro
para no perderse por primera vez
antes de aprender el subte
y la combinación trescientos veinticuatro
que te deja a dos cuadras,
donde también te afanan
el billete corto, que traias
para los cigarrillos del día
y un café de plástico
entre los autos como balas.
En San Telmo el caracol
de la plaza del centro
con alambres y guirnalda
desde el techo de las telas.
Un ámparo de los días
melancólicos de hierros;
figuritas y juguetes
ropa sucia retro fashion.
En San Telmo la vereda
de los parches coloridos
con adornos del ahora
viniendo desde atrás
y un café entre la locura
de algun tango con micrófono,
un vestido como oro
diez tacitas porcelana
como viejas enjoyadas.
En San Telmo un saco roto
sin bolsillos ni monedas
y un millón de compradores
extranjeros de lo verde
que en la música se ven
entre gorras y tambores
y un minuto de nostalgia;
en la calle del antaño.
Corrientes; callecita-calesita.
Cabecita de abc, de sinónimo
de librito verde y borroneado.
Callecita del diluvio
de los puntos y las comas
y las íes como clavos.
Corrientes; cabecita tinta china.
Librería enormísima de esas falsas
historias de encuentro, de sinónimo
de conjugación apropiada.
Calesita de oraciones, de poetas;
innombrables y millones.
Él, con sumo cuidado, preparaba el desayuno;
y entre el té y el azúcar
ponía aquellos pedacitos que ella
iba a beber sin darse cuenta.
los pocos animales de ensueño
a los cuales mi piel
no pudo arrancarles un ala.
en terrones de sal, en agujeros
de la lana de un pullover;
esta forma inmensa
de reconocerme sin formas
cada mañana, cuando olvido los desayunos
y concentro en los ojos
las imágenes de llovidos duelos
me lleva a comprender la astuta vitalidad
de quienes no concentran
las ranuras de sus maderas
en rajaduras inmensas.
en el silencio humedo de estas cosas
que desde hace tiempo cantan y hasta gritan
la misma melodía tediosa
de un crepúsculo ahogado.
El sol no está de mi lado, gimo;
entre tanta rienda suelta
acomodo mis dientes y amanezco
otra vez, como quien amanece en plena muerte.
tiempo de nada todos los viernes del mundo en feria batataGainsbarre: ¿Seguís por ahí?
Adentro es el nuevo afuera: Así es
G: Que bueno. ¿Qué hacías?
A: Melancolía
(...)
G: Dale, desembuchá.
En ese preciso instante Tomás toca el timbre de su casa. Y Marianela descree de las conspiraciones.
R: Las cosas literales siempre me produjeron rechazo
Estaba ella, y no toda sino parte de ella, sentada en un escalón de marmol, un escalón delante de una puerta que abre a un pasillo que conduce a una escalera que llega a una casa que tiene además de su respectivo baño y la cocina-comedor, un pequeño dormitorio. Y esto no es detalle menor, ya que allí, separados por ninguna pared, viven Oliverio y ella, que a pesar de estar sentada en el escalón de marmol, también podemos encontrarla recostada en su cama, en la puerta de la derecha viniendo desde el baño. Porque he dicho que estaba ella pero no toda ella sentada en el escalón y esto implica un desdoblamiento en parte fantástico y en mayor medida interno.
Lo que importa no es simplemente esta persona, este personaje, su accionar o su estado de quietud, su pensamiento, sino el escenario, el escalón de marmol, el pasillo, la escalera, la puerta de la casa y la casa misma, con su baño, su cocina-comedor, su única habitación y Oliverio. Eso es lo importante: Oliverio. Él y todo él, porque Oliverio no posee desdoblamientos fantásticos (y mucho menos internos).
Oliverio es un chico pálido, de ojos saltones, alto, pelo corto, semi enrulado, flaco, flaquísimo, realmente flaco. Tiene por costumbre el café, en una taza mediana de color azul francia que guarda en el estante justo al lado del frasco de café y las demás infusiones y no en el cajón de las tazas y los platos de las tazas, diría ella, que se llama Juana y también tiene el pelo corto y semi enrulado y es alta aunque su contextura física está dentro de lo normal. Pero eso no importa. Lo realmente importante acá es Oliverio. Oliverio y su cara dormida todo el tiempo, su manía de acurrucarse en el sofá y escuchar el mismo disco nuevo durante dos semanas para luego abandonarlo en el rincón rebalsado de músicos que ahora aburren. Oliverio y su triste forma de llamar a Gala, la gata que vive en el balcón de al lado. Oliverio y sus acordes.
Juana además usa anteojos y antes de dormirse revisa la cerradura de la puerta de calle unas tres veces, como cualquier depresivo-compulsivo, dirían sus amigos. Pero qué importa esto cuando lo interesante son las cuerdas de un instrumento que no cesa nunca antes de las tres de la mañana. Qué importa Juana si lo que llama la atención a todos los visitantes de la casa es la forma en que Oliverio se para frente al instrumento y se queja, en quejidos suaves, de su inarmónica manera de tocar ante estos visitantes. Qué importan los papeles que Juana acomoda inutilmente sobre el escritorio con el velador de luz tenue que está a la izquierda del ventanal que da al balcón. Qué importa la literatura, la poesía, las oraciones bilingües, las costosas traducciones, las citas a músicos implacables si los visitantes, los nuevos conocidos, quedan mudos e hipnóticos antes la crueldad de Oliverio consigo mismo cuando su instrumento llora los acordes previos al quejido de su boca, al suave quejido que su boca pronuncia diciendo que no hay tregua, que hoy no se puede tocar, que los ojos ajenos intimidan a las cuerdas que amablemente gritan por la noche. Nada importa de ella, cuando es él el observado y adorado por estos visitantes que realmente poca importancia tienen para ambos. Y ahí está la clave: esa poca importancia que ambos comparten cuando Juana se levanta del escalón de marmol, entra al pasillo, sube la escalera, abre la puerta y al mismo tiempo se levanta de la cama y sale de la habitación para acurrucarse junto a Oliverio que acaba de terminar de ponerle música a una nueva letra que ella, como de costumbre, escribió para él.
Reina:
rompo el telar
que conforma la bandera de tu nombre
de partir a la orilla descubierta
de la página blanca donde todas te gritan amante
de tu lenguaje de ciervos
y perduro;
que contienen
tu inicial como puerta de entrada.
“La palabra por la palabra no sirve. Hay que ir al fondo de las cosas, apagar las luces, encenderlas, indagar e indagarse.”
Cecil hace una pausa, deja de escribir, se acomoda los anteojos, fuma una pitada del cigarrillo, sube la mirada. Nadie.
“Y sobretodo, abastecerse de la soledad y su olor a loba malcriada. Sólo ella puede brindar lo exacto del lenguaje.”
Del libro Las otras -o mujeres para cuentos y canciones
Ediciones de Bolsillo de Editorial Morosophos
www.morosophos.com.ar

Allí se usan, también recurrentemente, figuras relativas a la luz: todo lo demás es un crescendo (o más bien un descenso) arrebatado, quizás buscando, como se dice, la disolución de la distancia entre la poesía y la vida. Escribe: Sobre negros peñascos se precipita / embriagada de muerte / la ardiente enamorada del viento.
[...] No muchos poetas han puesto así el cuerpo.
-extracto.
es un agujero en la noche de sombras.
Cae;
la siesta errante de los verbos.
Santa Rosa inundó su casa. Yo duermo sentada en un rincón.A veces creo que sólo la soledad, el espacio continuado con mi yo latente, puede salvarme.
Otras, simplemente, redescubro que de lejos amo más.
De todas formas, no por eso prefiero este agujero en la tarde. Mejor serían sus ojos de reno en mis senos.
Inés baila, usa zapatillas sin cordones, su color preferido es el verde y cuando está sola en su casa lee libros en voz alta.
A los diez años, ahora tiene veintitres, se pintaba las uñas de rojo y filmaba documentales caseros en el jardín de su casa, entre las enredaderas y las violetas de estación.
Nunca estudió cine ni botánica. Sin embargo, cada vez que alguien le pregunta que quería ser de chica cuando sea grande, ella responde con soltura: “Quería saber jugar a la escondida, pero no podía dejar de observarme a mí misma”.
Muriel está a pocos días de cumplir 27 años. Tiene el pelo enrulado, los ojos violáceos y una destestable manía por los caramelos ½ hora.
Cuando cumplió los 25, armó una valija con dos mudas de ropa, una cámara de fotos con película color, tres cd’s, el discman, una bolsita de tabaco negro y se fue todo el día a Isla Paulino. Tuvo miedo, dice, y además se le veló el rollo donde tenía fotos de los isleros cortándose el pelo unos a otros. “Si no lo ves, no lo crees”, contaba indignada.
A los 26 sólo cargó con el mp3 y caminó todo el día sin destino aparente.
Este año es su año, comenta, porque el siete trae magia entre los dedos.
Amelia tiene 20 años, el pelo revuelto, las manos largas, los ojos oscuros y una mancha verde en la planta del pie derecho.
Cuando camina se balancea como una marioneta llevada por hilos invisibles a la altura del cuello.
Sabe hablar tres idiomas y además, canta bossa cuando se baña.
Lo más importante para Amelia es su cuaderno de tapas duras, con hojas lisas y amarillas por el paso del tiempo; ahí, todos los días, escribe una palabra y no siempre es la misma. Pero al contarlas, todas y cada una de ellas empiezan con L. La primera es Libertad. Y las demás, dice ella, poco importan.
ofrezco
-clases de fotografía
-clases de literatura creativa para niños
-aromaterapia (pequeña sesión con música y aromitas)
-reiki
-libros artesanales (míos o ajenos)
-postales hechas a mano
-cuadros.collage
-fotografía de eventos, moda, publicidad, comida, books, etcs
-fotografías mías para colorear lugares (www.flordg.blogspot.com)
-diseño de editorial, publicidad, afiches, volantes
-lectura de poesías, cuentos, historietas (para los momentos de silencio no deseado)
-cuadernos, anotadores, agendas
-encuadernación
-ropa en buen estado
-mochilas, carteras, bolsos, bolsitos
-botones
-retazos de tela
-retazos (?) de vidrio
-un par de rollers (jaja)
-té natural (distintas combinaciones, sabores y colores)
necesito
-clases de iluminación en fotografía
-papeles (de cualquier color, gramaje, tamaño y calidad)
-libros añejos (no importa la temática)
-madera
-una guillotina
-un scanner (si está roto que pueda arreglarse)
-espacio físico para dar talleres abiertos
-una mesita de madera
-descuentos en imprentas y casas de fotografía
-mapas (de los grandecitos, nuevos o viejitos)
-marcos de madera (de cualquier color, tamaño, forma y variedad existente)
-imanes (de cualquier tamaño; no necesariamente nuevos, si tienen publicidad también)
-dulce casero!
-un jardín para tomar té en primavera
y reirme
(por eso también hago esto)
y la hechó, sin soles, al invernadero abierto de habitantes exclusivos?
que a esta hora es una fiesta de disfraces
me divierte ver pasar los autobuses
alguien me señala entre carcajadas
en las plazas a la noche veo cosas
en las copas de los árboles frondosas
alucinaciones marginales, trucos
se les nota que les gusta darme susto
me empapé intentando llegar a tu casa
hace años que no tomo un desayuno
[fragmento de una canción de pablo matías vidal]
Un día tocás timbre en la casa de un amigo
y te presentan una nueva inicial, un nuevo nombre;
un cuerpo, una voz, un silencio.
Y amas.
Es de noche, hay una luz tenue y una mujer. Una mujer que tiene los tobillos pequeños y está descalza. Una mujer que lee un libro, que lee un cuento. Un cuento que habla sobre otra mujer; languida y triste.
Una mujer, dos, tres.
Sentarte en el patio y escribir un cuento. Un cuerpo.
Las luces cayeron como puños
como lluvia ácida en las yemas de los dedos;
y todo fue recambio:
en el fondoaquellos tristes dibujos de tu mano
de una taza
se abrieron
los ríos esperados;
estos veloces gritos de mi encierro:
¿Perdemos el tiempo
diciéndole al cielo -en voz tan baja
que la luna y su rostro de mujer
nos tiembla en el cuerpo
cada noche de perra hambruna?
No perdemos nada
salvo el miedo.
A de LibertadYo no juego a eso -dije, y me fui con el silencio a cuestas.
Los ojos los dejé donde siempre, sangrando un poco, otro poco amando; la carne, los huesos, el cuerpo anudado, entumecido, lo guardé conmigo, encerrado en esta piel envejecida. Y no caminé, no grité, no le conté a nadie que tenía las manos atadas a esa ausencia, a esa aterradora suerte de soñarme desnuda, pariendo a mi propio padre.
Pronto, la noche se proclamó angustia y pocos supieron que este nombre -el mío- tenía un sonido que no debía por qué ser juzgado por las voces embrutecidas del pasado.
Todo lo demás, lo supo el viento.
Hace un momento
-mientras sonaba en tus ojos la melodía de la luz-
vinieron las sombras: tienen todas el color
azul
de esos ojos ardientes
que son los tuyos;
todas tienen un color
igual
al de las noches de estío
en el tapial de tus párpados.
¿En qué tarde vinieron a buscarte
entre mantos de tristes alamedas
y almendras tostadas en las puntas de las lenguas gustosas?
¿En qué tarde, tan temprana
trajeron las voces -del olvido inmediato
y cuartearon el aire con un silbido de gloria?
Hace un momento
-mientras vibraba en tus ojos la tonalidad del mundo-
cayeron los astros
locos y eclipsados:
tenían el rostro dulce, lleno de estrellas con mil puntas;
y bailaban la danza nunca vista
de los tibios y exquisitos pasos vacuos.
Todo es un interior ahora;por eso nadie puede verte.
Pensé una cosa curiosa:
Atardece en Madrid;Las partes
acá la noche es tan espesa
que los pájaros dormidos
en mi rostro abren un ojo
y chillan -para luego
volver a dormirse-.
de mi cuerpo suenan
quemando el resto;
ácida es la languidez
que intoxica mis ojos
cada vez que el chirrido
de la luz apaga
y en creces, su voz
de perro
comienza a ladrar
en todas mis aberturas
(estoy pensando en cansarme de los absolutos,¿Cada cuánto mueren los amantes?
los locos arraigos inservibles).
¿Cada cuánto tiempo se abren los portales
de la sed
y cierran los embrujos
perceptivos del amor?
Una noche, senté a la Belleza sobre mis rodillas.
Y la encontré acerba. Y la injurié.
un silencio en la casa del lenguaje
-tragó todas las melodías de la noche-y ahora;
canta la ausente
estuve a punto de abrir la puerta de una gran casa
pero me taparon la cabeza con tierra
me desperté ahogada
y me soné la naríz
-¿me están llamando?
(pregunta la niña antes de ponerse la máscara)
-no tenés nombre
(responde la anciana)
-siempre querés irte
-sólo vine a ver el jardín
-las flores no se dejan ver si vestís la niebla
-no digas el color de las cosas que existen
-es cierto, hay voces que traen la noche
-como cuando querés ver el fondo de un jardín y no hacen más que echarte
-vos siempre querés irte








































